jueves, 13 de noviembre de 2008

Asentamientos: Entrevista a María José Álvarez Rivadulla

DIARIO EL PAÍS

30 de abril de 2007
Extracto de la entrevista publicada en el sitio web del Diario El País:

Todavía es posible revertir el proceso de guetización en Montevideo. Hay que estimular que los sectores medios y altos opten por residir en barrios heterogéneos y en los que se han deprimido últimamente.

Hoy la mayoría de los asentamientos no son guetos, sino poblaciones de una gran heterogeneidad social, en donde se aprecia una gran resistencia a la caída del mercado laboral, sostuvo la socióloga María José Álvarez, investigadora del programa sobre Integración, Pobreza y Exclusión Social (IPES) de la Universidad Católica del Uruguay (UCU). La entrevistada es autora del trabajo "Asentamientos irregulares montevideanos: la desafiliación resistida" publicado en la edición Nº 4 del Monitor Social del Uruguay del IPES. A continuación un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.

(...) Orígenes

-¿De dónde procede la población de los asentamientos de Montevideo?

-Este fenómeno relativamente nuevo forma parte de la "latinoamericanización" de Uruguay. Los barrios que surgieron de las ocupaciones irregulares de tierras, que caracterizan a las ciudades de América Latina desde principios de los años cincuenta, fueron conocidos como "cantegriles" en Montevideo, pero en nuestra ciudad no fueron un fenómeno numéricamente importante. Eran barrios conformados principalmente por personas provenientes del Interior que llegaban a la capital seducidas por las oportunidades que prometía el modelo de sustitución de importaciones. La población que hoy habita en los asentamientos es mayoritariamente de origen urbano, más precisamente de la misma ciudad de Montevideo. En 1995, del total de habitantes de asentamientos irregulares montevideanos, más de un 70% provenía de otras partes de la ciudad, mientras que menos del 30% era del Interior. En síntesis, la mayoría de los vecinos de estos nuevos barrios informales ha sido expulsada de la ciudad formal. Lo que hace peculiar a Montevideo es que los asentamientos tienen una expansión sin migración campo-ciudad, porque Uruguay ya era urbano veinte años atrás y la población de la capital no ha tenido crecimiento.

(…) Opciones

-¿Qué factores determinan la decisión de una familia de ir a vivir a un asentamiento irregular?

-Es una decisión multicausal. Para la lógica familiar, el costo de la formalidad es alto y el de informalidad resulta más barato. Por eso, la mayoría aduce que el motivo principal de su traslado a una vivienda informal obedece a la imposibilidad de pagar un alquiler y otros señalan que es la única forma de tener casa propia. Desde una óptica estructural, debe atenderse a la precarización en la inserción laboral de la población de menores ingresos, lo que afecta al mercado de alquileres de viviendas por sus costos elevados, la ausencia de ingresos regulares, la falta de posibilidades de obtener una garantía para arrendar, etc. Desde un punto de vista político, el Estado uruguayo se ha mostrado tolerante con las ocupaciones y con los ocupantes que se han movilizado y conseguido con muchísimo esfuerzo diversos servicios para sus barrios.

(…) Segregación residencial

-Ante el crecimiento de los asentamientos irregulares en Montevideo, ¿es posible mantener una cohesión social o es inminente una fuerte segregación residencial?

-Todavía es posible mantener la cohesión social, pero resulta preocupante el nivel de segregación residencial que ha experimentado Montevideo en los últimos años. Entre sus múltiples causas, se puede mencionar el crecimiento de estos asentamientos; pero, a su vez, las clases medias y altas han decidido mudarse a barrios más homogéneos y ciertos barrios céntricos se han vaciado. El surgimiento de los asentamientos tiene consecuencias muy importantes para la segregación residencial ya que están situados más lejos de las posibles fuentes de trabajo. Además, es razonable que la gente que vive en un barrio informal aspire a tener su policlínica, su escuela, su campo deportivo, etc. Pero esto hace que la interacción con individuos de más recursos (económicos, de información para conseguir empleo, culturales, etc.) se vuelva cada vez más difícil, lo cual a la larga puede formar un gueto.

-Entonces, ¿se puede afirmar que la población de los asentamientos irregulares esté marginada de la ciudad de Montevideo?

-El concepto de marginación implica una ruptura total con la ciudad formal. No creo que los asentamiento sean guetos desde el momento en que buena parte de sus habitantes se conectan continuamente con la ciudad formal en sus lugares de trabajo y en los centros de estudio. Más bien existe un proceso de guetización que todavía es posible revertir. No sé si esa tendencia podrá ser dada vuelta si Montevideo no detiene su tendencia al aumento de la informalidad residencial. Pero este proceso no es exclusivo de los asentamientos. Hay barrios formales e inclusive barrios que surgieron a partir de políticas públicas estatales de realojos que han provocado situaciones de marginación superiores a las que encontramos en muchos asentamientos. Allí hay altísimas tasas de embarazo adolescente, de jóvenes que no estudian ni trabajan, de drogadicción, etc. Nuevamente, esto no está restringido a los asentamientos. Aún más, en algunos casos, el proyecto colectivo del asentamiento actúa como una resistencia al proceso de desafiliación de instituciones como el trabajo y la seguridad social. En muchos casos, la participación, la solidaridad vecinal y la seguridad pública son mayores que en otros barrios de la ciudad. El problema es la durabilidad de ese capital social. Porque el proyecto colectivo del asentamiento lo pueden tener los fundadores, pero es sumamente difícil mantenerlo en la segunda generación que presenta serios problemas estructurales de educación y empleo. Hoy la mayoría de los asentamientos no son guetos, sino poblaciones de una gran heterogeneidad social, en donde se aprecia una gran resistencia a la caída del mercado laboral.

La capital no necesita expandirse territorialmente al no crecer en población

-¿Cuáles serían las políticas públicas más adecuadas para erradicar la vivienda informal?

-Más que erradicación me gustaría hablar de desincentivo porque hoy contamos con un área de ciudad informal ya consolidada que no creo que deba erradicarse, a pesar de que en algunas ciudades, como en Santiago de Chile, se han erradicado poblaciones enteras. Los vecinos no quieren mudarse después de haber invertido tanto dinero y esfuerzo en la autoconstrucción y en el proyecto barrial. Además, la tendencia regional es a regularizar. Para desincentivar la informalidad, habría que lograr que el costo de la formalidad fuese menos oneroso. Si los hogares pudiesen pagar una tarifa fija económica por el consumo de los servicios públicos esenciales, seguramente muchas familias preferirían residir en el casco de la Villa del Cerro que irse a vivir en un asentamiento. Si fuera más fácil alquilar -ya sea actuando sobre el mercado ofreciendo subsidios o facilitando las garantías, por ejemplo, u ofreciendo vivienda social en alquiler-, probablemente sucedería lo mismo.

-¿Qué medidas debería tomar el gobierno en materia de asentamientos?

-El Estado debería ser menos tolerante con las ocupaciones de terrenos para asentamientos porque generan costos muy elevados al fisco; pero debería ofrecer alternativas. La regularización de tierras es una operación sumamente cara porque implica llevar servicios (electricidad, agua, saneamiento, transporte, escuelas, etc.) a la periferia del área urbana. Además, la ciudad de Montevideo no necesita expandirse territorialmente porque no tiene crecimiento poblacional. Pero no sólo se debe enfocar la política a quienes tienen menos recursos. También hay que estimular que los sectores medios y altos, es decir aquellos con más condiciones para decidir donde vivir, opten por barrios heterogéneos y por los que se han deprimido en los últimos años, haciéndolos atractivos. Esto puede lograrse ofreciendo buenos establecimientos educativos en esos barrios, cuidando los espacios públicos, facilitando alquileres o préstamos para compra y reciclaje de viviendas, facilitando la localización de cooperativas en el centro de la ciudad, etc. En síntesis, debemos pensar en políticas globales para construir una ciudad más mezclada, y no solo en políticas para los de menores recursos. Lo que debe preocuparnos es el aumento de la segregación residencial y no sólo la localización de la pobreza. Bajo la hipótesis de que en ciudades donde personas de distintas clases tienen la posibilidad de interactuar más, es más probable construir ciudadanía en base de equidad.

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